La memoria que no cesa

He conseguido reunir, casi por casualidad, los cuadernos de apuntes que comencé a escribir en el ecuador de la carrera. Decidí entonces que el diario convencional no era suficiente para albergar materiales que se hacían cada vez más ingobernables y desdoblé dos cuadernos paralelos, deslindando vida y ciencia — una decisión de la que me arrepentí años después. En todo caso, desde entonces, son cerca de doce cuadernos para poco más de trece años (sin contar claro el archivo independiente de lecturas específicas para la preparación de artículos), con tres o cuatro períodos de varios meses de vacío dispersos en el camino: presuntos períodos felices, siguiendo la máxima de Hegel…

De memoria corta, me ha sorprendido toparme con las cosas que leía, veía y oía hace más de una década, constatar el adelgazamiento en el espectro de materiales conforme han pasado los años. Unos meses al azar, en 1999, y desfilan entre otros el Piranesi de Tafuri en La esfera y el laberinto, la Historia del gusto de Galvano della Volpe,  textos sobre la Gestalt, La estructura ausente de Eco y Dialéctica de la Ilustración de A&H, Pavese, el libro de Marco de Michelis sobre las vanguardias del siglo XX, un libro (¡sin título!) sobre el teatro expresionista, las Operette Morali de Leopardi, Miseria de la Filosofía de Marx, el Doktor Faustus, La estructura ausente otra vez (obviamente me costaba…), el Breviario de Estética de Croce, Valéry y Sombart. Si miro esto en perspectiva no puedo ni hacerme una idea del “cacao mental” que debía atravesar en aquel momento. Con todo, comparo con las cosas que he leído en el último año, aproximadamente, y resulta evidente hasta qué punto la especialización ha tomado el mando. Siempre hay lecturas paralelas, pero cada vez más, ay, lo que pasa por la mesa está orientado a la escritura. El resultado, claro, es que la vida se adelgaza y lo imprevisto tiene cada vez menos margen de oportunidad en un panorama lleno de deadlines.

Ceci tuera cela‘, recordaba Hugo. Estas palabras en boca de su Claude Frollo albergan hoy un sentido muy literal para mí en su idea de que el ‘libro’ acabaría con la ‘catedral’. Pero más allá, de forma inesperada, resulta que también, quizá definitivamente, unos libros matan a otros y la escritura aniquila, con sutileza, la lectura. Afortunadamente queda la memoria, que no cesa.

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One Response to La memoria que no cesa

  1. Outsider says:

    Hermosa y paradójica entrada. Un saludo.

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